México: el sector de vivienda teme el plan de reforma fiscal

El sector de viviendas nuevas en México, que aún sufre los efectos de la desaceleración económica mundial y los cambios en las preferencias de los consumidores, se prepara para otro revés proveniente de un paquete de fuertes ajustes fiscales propuestos por el presidente Enrique Peña Nieto.

El mandatario anunció en septiembre una variedad de propuestas de aumentos tributarios, como parte de su muy esperado plan para reformar la economía. Su estrategia para lograr crecimiento a largo plazo apunta a conseguir más ingresos para financiar programas sociales y reducir la dependencia que tiene México de los ingresos petroleros.

Pero las constructoras temen que las ventas se vean afectadas por las medidas, en particular un impuesto al valor agregado de 16% que propuso el presidente, que se aplicaría a muchas ventas de viviendas, intereses hipotecarios y alquileres, entre otros gastos de consumo. También quiere fijar un impuesto a las ganancias sobre el capital para ventas de viviendas de 1,24 millones de pesos mexicanos (US$94.200) o más. El umbral previo era de 7 millones de pesos.

“Prevemos que la demanda de viviendas nuevas se contraiga en al menos 35% si los cambios impositivos se aprueban como están propuestos”, indicó Tom Towle, socio gerente de la firma de investigación en bienes raíces Softec SC, con sede en Ciudad de México.

Distintos aspectos de la reforma tributaria aún podrían ser eliminados o atenuados por los opositores de Peña Nieto en el Congreso mexicano antes de la fecha límite del 15 de noviembre. El secretario de Hacienda del país, Luis Videgaray, aclaró la semana pasada que el impuesto al valor agregado sobre ventas de viviendas e intereses hipotecarios no se aplicará a viviendas de bajos ingresos, aunque los detalles de la exención no están definidos.

“Siempre los impuestos están sujetos a debate, siempre causarán polémica”, dijo Videgaray la semana pasada. “Pero lo que se busca… es hacer una Reforma justa, en la cual paguen más aquellos que ganan más”.

La tambaleante industria de la construcción de viviendas en México registró una caída en los proyectos nuevos a unos 380.000 este año, frente a 630.000 en su punto máximo en 2008, incluyendo viviendas construidas pero sin vender, según BBVA Bancomer. La industria de la construcción de viviendas en México disfrutó de un auge entre comienzos y mediados de la década de 2000, cuando el gobierno promovió las compras de inmuebles con subsidios y programas de préstamos. Pero el mercado cayó en 2008 y 2009 como consecuencia de la crisis financiera mundial.

Aunque la economía mexicana salió de la recesión en 2009, el sector de la construcción sigue anémico, y la tasa anual de proyectos nuevos sigue en declive. Los grandes constructores se han visto perjudicados en parte por políticas del gobierno y porque los consumidores han optado por complejos de apartamentos urbanos a expensas de vecindarios suburbanos de viviendas para una sola familia.

El cambio ha contribuido a que las tres mayores constructoras de viviendas de México —Desarrolladora Homex SAB de CV, Corporación GEO de CV y Desarrollos Urbanos SAB de CV, o Urbi— estén al borde de la insolvencia.

Las tres firmas, que asumieron grandes sumas de deuda en los últimos años al comprar terrenos para desarrollos suburbanos, han incumplido pagos de deuda este año, han contratado a asesores para que las ayuden a negociar con los acreedores y han reducido significativamente la construcción.

La política de Peña Nieto en el sector de vivienda se parece en algunos aspectos a las de los dos gobiernos previos entre 2000 y 2012, encabezados por Vicente Fox y Felipe Calderón del Partido de Acción Nacional. Estos mandatarios buscaron impulsar la propiedad de la vivienda otorgando créditos y subsidios para casas de interés social y alentando los préstamos a residentes de bajos ingresos.

Peña Nieto mantendrá los subsidios para los sectores de bajos ingresos. Pero su propuesta fiscal se centra en el resto del mercado de la vivienda como generador de impuestos. Con la reforma, los intereses hipotecarios ya no podrían deducirse de los impuestos. Además, consolidó una política anticipada desde hace tiempo de concentrar los subsidios del gobierno en complejos de apartamentos baratos en áreas urbanas y no en viviendas suburbanas.

Roberto Barrios, presidente de la sección en el Distrito Federal de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios, recuerda el impacto del último intento del gobierno de gravar las ventas de viviendas, a comienzos de los años 70.

“Se cayó el mercado, se desplomó de manera impresionante”, sostuvo, al recordar que las ventas disminuyeron a casi la mitad. Esta vez, “a quien más va a dañar es a la clase media”, agregó, y señaló que 80% de los activos de las familias suelen ser propiedades. “En México, las clases media y media-alta ahorran en bienes raíces”.

Fuente | THE WALL STREET JOURNAL

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