Se cierra un ciclo

Dirían los clásicos: “no se hagan bolas”… Porque aún ante la contundente realidad que nos dice que es necesario hacer ajustes al modelo de vivienda de México, una aún más contundente realidad deja más que claro que nuestro país debe tener entre sus prioridades incrementar en términos cuantitativos y cualitativos su parque habitacional.

De entrada, hay que reconocer que el rezago, si bien más cualitativo que cuantitativo, sigue siendo enorme y se ubica en el rango de 8 millones de viviendas; cifra que día con día se incrementa al reconocer también una nueva demanda de muy, pero muy compleja estructura.

Y digo muy compleja, porque si antes sólo se entendía la nueva demanda en función del número de matrimonios, hoy hay que hacerlo considerando también divorcios, jóvenes que se independizan, parejas formales en que cada quien quiere su propia casa, población rural, parejas del mismo sexo, pensionados en retiro, y el más amplio y variopinto etcétera que ustedes puedan pensar.

Esa  es la realidad, una realidad que se hace aún más difícil cuando llega el momento de pensar en soluciones de vivienda para los más pobres.

Y esa realidad se enfrenta con dos enormes retos; el económico, que implica canalizar recursos para financiar producción y adquisición de viviendas, y el territorial y urbano, que debe –debiera– profundizar en la planeación del uso de suelo y en la generación de las infraestructuras y equipamientos de todo tipo, que implica convertir un humilde suelo, en reserva urbana.

Por supuesto, reconociendo que un segmento muy importante de la población sigue aún sin tener acceso a financiamiento para tener su casa, hoy la realidad es que se han generado instrumentos que permiten llevar anualmente al mercado inversiones por cerca de 250,000 millones de pesos, suficientes para financiar un millón de viviendas.

Digamos que el tema del financiamiento es en esencia un asunto o resuelto o en vías de resolverse, y que existe además una muy sólida planta productiva capaz de construir todas las viviendas que se necesiten.

Sin embargo, el hecho es que el sector vivienda está llegando al final de un ciclo, mientras al mismo tiempo trabaja ya en la definición de lo que será el próximo. Pero ¿cómo será éste nuevo ciclo? En mi opinión, sin duda será un ciclo que tendrá como prioridad frenar el caos urbano….

Por supuesto; ese será el objetivo central, pero reconociendo que atender el problema urbano acumulado, las nuevas necesidades de vivienda y la urgencia de generar infraestructura, dan forma a un enorme, pero enorme reto de suma de voluntades y coordinación institucional, que permitan planear, hacer ajustes y dar golpes de timón sin descarrilar el famoso Tren de Vivienda.

Porque sería absurdo pensar que el problema se resuelve cerrando la puerta a la construcción de casas lejos de los centros urbanos o con sonoros anuncios en favor de la redensificación.

¿Y las casas que ya se construyeron apá? Porque ese problema específico se tiene que resolver generando la infraestructura que debió hacerse antes de permitir que se construyeran… y pasa lo mismo con los sistemas de transporte y con la generación de inmuebles de tipos diferentes al habitacional.

La nueva cara del reto habitacional tiene que ver con planeación, regulación, inversión pública y privada en infraestructura, equipamiento y transporte, gestión y estricto respeto a la ley.

Porque es un hecho que siguen haciendo falta casas, así como es un hecho también que ya no se pueden seguir haciendo como se hicieron en los años recientes.

Se cierra un ciclo… El nuevo inicia reconociendo la vigencia del reto habitacional, pero reconociendo también su nueva cara…

Fuente: Blog Desde la casa de Horacio Urbano

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