Crédito igual a inversión

Guillermo Ituarte Marumoto

En días pasados cambió mi percepción sobre los créditos hipotecarios. Habiendo recibido mi formación profesional como financiero, estoy acostumbrado a hablar de tasas de interés, amortizaciones de capital, plazos, etcétera. Es natural entonces que la palabra crédito, la haya relacionado siempre con deuda;  y en sentido estricto así es, ya que se trata de una cantidad de dinero que se debe pagar a un acreedor. Sin embargo, tratándose de créditos hipotecarios, este no es necesariamente el caso. Si se elige el producto adecuado,  puede estarse adquiriendo una herramienta para la consolidación patrimonial.

Escoger el crédito que se adecúe al perfil de un cliente en particular, es una labor que lleva tiempo y dedicación, así como una preparación especializada. Hay que conocer la base de ingresos de la persona, sus gastos regulares, sus deudas previas, su aversión al riesgo – esto es relevante cuando se contratan créditos a tasa variable – y, en general, las expectativas que tiene el individuo, de esta operación. Hay que recordar que, la adquisición de un bien inmueble, es una de las decisiones de mayor trascendencia que una persona puede tomar. Por esta razón es importante contar con la asesoría de expertos en la materia, algo que no necesariamente se encuentra en un ejecutivo bancario.

A cualquiera podría sorprender que me refiera a la contratación de una deuda, como un instrumento para afianzarnos patrimonialmente. Al menos así quedé yo de sorprendido cuando, en una capacitación que recibí de un experto hipotecario, me cambiaron la concepción que tenía sobre la adquisición de crédito para la compra de una casa. Sin embargo, después de diversas explicaciones, me di cuenta que realmente podría ser una forma de ayudarnos a acrecentar nuestro legado.

Actualmente las tasas que se cobran por estos productos se encuentran en niveles que van del 10% al 12% por año. No obstante hay que recordar que, el Servicio de Administración Tributaria, permite la deducción de los intereses reales. Esto no es otra cosa que la carga financiera, efectivamente pagada, por encima de la inflación. En términos simples, a la tasa de interés del crédito, hay que restar la tasa de inflación y, sobre esta base, calcular los intereses realmente pagados. Si tenemos este beneficio fiscal en cuenta, la tasa que cobra un crédito hipotecario, puede situarse alrededor del 9% por año.

Ahora bien, del otro lado de la moneda se encuentra el inmueble que se adquirirá, con los recursos provenientes del crédito. Es bien sabido que una casa o un departamento no se deprecian, como lo hacen otros activos fijos. Por el contrario, los bienes inmuebles, normalmente siguen ganando valor a través de los años. Si se asume que una tasa razonable de revaluación rondará 10% por año – aún cuando hay inmuebles que pueden ganar hasta un 30% de su valor en este mismo periodo – es razonable concluir que, el costo del crédito hipotecario, cuando se contrata correctamente, estará por debajo de la ganancia en el valor de nuestra casa o departamento. Esto es lo que podemos llamar invertir, mediante el uso del crédito.

Este espacio no pretende fines educativos, sino meramente informativos, sobre la importancia de elegir el producto hipotecario que se adecúe a nuestras necesidades. Esto cobra relevancia, teniendo en cuenta que más del 80% de las transacciones de compra – venta de bienes inmuebles se dan a través del crédito. Si es cierto que podemos ganar valor, por encima de nuestro costo financiero, cuando tomamos la decisión de adquirir nuestra próxima casa, entonces debemos pensar en términos de inversión, no de deuda. Simplemente implica cambiar nuestra concepción acerca de la materia.

 

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