¿Cassez a cambio de qué?

Más allá de la eventual normalización de las relaciones culturales y la realización del pospuesto año de México en Francia, la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto al proceso de Florence Cassez ha suscitado una serie de opiniones encontradas que, en el ánimo de la opinión pública, no han hecho  otra cosa que alimentar la ya muy arraigada conversación de que el sistema de justicia en México está mal,  en el que ya sea  que “se fabrican culpables” o “se deja en libertad a criminales”. Una sensación de que algo realmente está muy mal aquí.

Sin entrar a los detalles para no perder foco, unos argumentan que los vicios durante el proceso -en concreto las violaciones a los derechos humanos como finalmente lo estimó la corte- son condición necesaria y suficiente para dejar en libertad a la ciudadana francesa ante un proceso con grandes irregularidades. Para otros, el hecho de que no sólo existan acusaciones y declaraciones sino pruebas sobre los delitos, es condición necesaria y suficiente para haber mantenido a la acusada en prisión purgando el resto de su condena. Y podríamos seguir así con una serie de tecnicismos y puntos de vista ilustrados para enriquecer la discusión sobre el tema. Sin embargo, lo que ha existido hasta ahora son juicios, opiniones, quejas, agravios y análisis, que lo único que hacen es describir algo que por definición está “allá afuera”, cuya responsabilidad es de alguien más que ya no está aquí. Una suerte de sentirnos sin poder para hacer algo al respecto.

La oportunidad que tenemos hoy es la de dejar de describir el “problema” y ver esto como la posibilidad de un compromiso entre gobierno y sociedad respecto al estado de derecho que queremos. Desde otro ángulo, más que dividirnos entre los que están a favor o en contra o peor aún, unirnos en el acuerdo generalizado de que no tenemos estado de derecho y “pobre México”, lo que está disponible es dar nuestra palabra para alterar radicalmente la situación en la que estamos. Basta ya de con conformarnos con que “fueron las autoridades pasadas”, o que “no se pueden violar los derechos humanos” o que “había pruebas suficientes” y “había sido ya condenada culpable”. Es momento de romper esta manera de ver las cosas y hacer la solicitud como sociedad para crear el compromiso de una transformación del estado de derecho y su parte acusatoria.  Se trata sobre respeto a los derechos humanos y justicia efectiva para los culpables, no de quedarnos con lo uno o lo otro.

No nos hundamos en la queja, pena y resentimiento o nos dividamos a favor o en contra. Si  bien victimizarnos, lamentarnos o avergonzarnos resulta cómodo, lo que se requiere hoy para romper con este pasado es actuar ya. Sin cuentos, actuar. ¿Conocemos cuál es el compromiso del Ejecutivo con el fortalecimiento de la policía investigativa, de los ministerios públicos, de los juicios orales? ¿Qué estado de derecho queremos y cuáles son los compromisos? ¿Están reflejados en el Pacto por México u otro compromiso frente a la sociedad? ¿Cómo aseguramos que esto no sienta un precedente que de pie a un mal uso? El “enemigo” no está en casa, está allá afuera. Desde cierta mirada este fallo nos empodera. Unámonos en torno a lo que es posible, a exigir las reformas que hacen falta y que son muchas. Trabajemos por el futuro y exijamos que se trabaje en lo que hace falta para el estado de derecho de la 5ª economía más grande del mundo en 2050.

 

Autor | Jorge Flores Kelly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *