RESPONSABILIDAD Y PLANEACIÓN

Santo que no es visto, no se retira

Hay un refrán popular que reza: santo que no es visto, no es adorado. Y esto parece ser cierto cuando se trata nuestros recursos para el retiro, administrados por la Afore que “libremente” elegimos, como trabajadores. Recibimos un estado de cuenta cada cuatrimestre -en algunos casos ni siquiera recibimos dicho documento- y pocas veces ponemos cuidado en revisar el crecimiento del dinero que, en teoría, debería darnos una renta decorosa, en el momento en que ya no podamos generar ingresos.

Quizás descuidamos este rubro de nuestras finanzas porque estos fondos crecen a cuentagotas. Además no somos conscientes del monto que se deposita en nuestra cuenta individual, porque no lo percibimos en nuestros pagos quincenales. A final de cuentas, es un porcentaje tan bajo de nuestro salario y que, adicionalmente, corre a cuenta del patrón, que rara vez nos detenemos a pensar en ello. Simplemente omitimos considerar si nuestro ahorro para el retiro,  será suficiente para sostenernos en el futuro.

Sin embargo es de vital relevancia reflexionar, con detenimiento, sobre la evolución de los fondos de nuestra cuenta individual; y sobre las acciones que debemos emprender, para fortalecer nuestro patrimonio. Realicé una encuesta informal entre algunos estudiantes universitarios, sobre cómo visualizaban su vida después de los 60 años. La mayoría respondió que estarían disfrutando de su familia y de los frutos de su trabajo. Esta es, sin duda, una aspiración legítima que, cuando se contrasta con la realidad, pocas veces puede realizarse. No es raro encontrar personas que deberían estar pensionadas, viéndose forzadas a seguir trabajando, para poder generar el sustento diario de sus familias.

Tratándose de las Afores, el citado refrán popular les viene bien. Aprovechan el desconocimiento y la falta de atención de los trabajadores, para lucrar con los recursos que reciben de los patrones. En el mejor de los casos, emprenden una lucha encarnizada por generar traspasos, de una administradora a otra, con el objetivo de obtener una comisión. Con el discurso de venta, ofreciendo un mayor rendimiento, migran a los tenedores de cuentas individuales al por mayor. En el peor de los casos, simplemente cambian a los trabajadores de Afore, sin haber obtenido antes su autorización. Y ni qué decir de los estados de cuenta, que no siempre llegan a su destinatario.

Por ello debe hacerse un llamado a la acción. En primer lugar, debe analizarse concienzudamente la Afore, que habrá de administrar nuestros fondos para el retiro. El rendimiento sin duda es importante y debe tomarse en cuenta; pero también hay otros indicadores, como el recientemente anunciado Comparativo de Afores en Servicios (CAS). En segundo lugar deben realizarse aportaciones voluntarias, mismas que robustecerán nuestro ahorro. La sola aportación patronal, no será suficiente para mantener nuestros gastos, una vez que decidamos retirarnos de la vida laboral.

Para algunos, el retiro se encuentra a la vuelta de la esquina. Para otros es un momento que se ve como algo lejano. Para los primeros, sólo queda esperar que hayan previsto este momento. Para aquellos en el segundo grupo, el ahorro para el retiro es un tema que no puede pasar desapercibido. Qué agradable sería no depender de un trabajo cuando entremos en nuestra edad dorada. De otra forma, el retiro simplemente se convertirá en un sueño que, para la mala fortuna de muchos, se ve constantemente truncado.

Fuente | El Heraldo León

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